.
RONDANDO LA CASA DE LA DICKINSON
(1990)
Por Édgar Guzmán
1
Nunca anduve perdido por los prados inhóspitos
donde tan sólo el viento montaba los caballos;
nunca anduve perdido: tu corazón golpeaba
con la fuerza de un faro bajo el hielo en que ansiosas
ascuas de mil veranos adensaban sus fuegos.
No importa que hayas muerto: puedo besar tus labios
detrás de tus poemas y entrar en ti, en el copo
de nieve en que se abrasa tu hogar como una copla.
¿Qué escarcha maravilla tus dedos en la luna
sobre el jardín que aguarda la sombra más bélica?
La misma que a tu puerta de paterno sigilo
disciplina la boca de aquel infante autista
que habla un día como habla por los mil setecientos
setenta y cinco partos de tu conciso vientre,
que es un ojo o no es nada surcando un mar de versos,
un monje que madura hasta llegar a niño,
o llegar a ser guarda de un bosque cuyos árboles
cobijan torbellinos de leones y antílopes.
2
Te fuiste, y qué; tu magia queda,
te fuiste, y quedas tú, como una iglesia
en la que entran fieles con devotas
ceras ardiendo como tus pasiones.
No importa que hayas muerto; estás viva, aguardas dentro
del mundo que empinaste sobre la voz de un grillo.
Vuelvo del norte a ti, vuelvo del cierzo
a tocar tu ecuador con un incendio.
Vuelvo a ti, vuelvo a esa
que no veían cuando te veían.
Corre, Emily, que soy
aquel por el que crece tu claustro en la lomilla.
Soy el cantar; yo vuelvo siempre, traigo
mi trote a la desierta calle mayor, erguido
como en rito de magos para tus ojos,
con mi caballo alerta, por ti caracoleando
y ardiendo de los cascos a la crin.
Prepárate, que vuelvo como a ti
te gustaba: invisible para el recelo en torno
de esa tu cabellera sedeña por la cual
se detenía el sol en el poniente;
invisible ante el pétreo centinela de turno,
mas para ti palpable como un rostro en tu pecho,
visible como un brazo arboleado para esos
ojos que aguzan llamas con que bruñir la noche.
3
Abriré un corredor por entre el día
en que te hirió la luz derribándote en ti,
el día en que mediste la altura de tu invierno
y te avezaste en tu alma, guerrera de la nieve,
para poder alzarte asceta en tus zapatos,
para amasar la noche en que, arrogante,
le pisaste los dedos a la muerte;
para mirar el frío por tu llanto y tu risa,
para mirarlo por tu coraje de escarpa impertérrita y sola,
por la glacial rendija de tu hoguera de látigos,
por tu yerto cristal que hablaba con las flores.
Te acercaré mis ascuas,
porque estuviste herida bajo el palio del hielo,
aun cuando la entereza circundara tu ensueño,
como ecuánime gira un pececillo
tropical coloreando la paz de la pecera,
como atenta ojea y desespera
una luna indomable de congelada furia,
angélica en el vértice de una esperanza helada.
4
Penetraré en la calma de tu mansión sombría
a atizarte los leños del amor. Heme aquí;
traigo el toque secreto para tu puerta, traigo
mi ser desnudo para tus almendras,
abiertas por mi bien bajo tu almohada.
Abre, Emily, que voy por tus cañadas
a teñir tu Jordán con tu rubor virgíneo,
a espesar su corriente gestante, sus augurios,
con tu móvil sustancia, que de sí se percata,
que se recoge oruga y tras un guiño
despierta autoconsciente mariposa,
cuya huraña belleza provoca una erección
de pelos aterrados, de sospechas,
en tu piel que se cierra y se electriza.
Abre ya; he de entrar
como apócrifo Juan que resultó el genuino.
Yo soy tu canto, soy el venturoso
dueño de tu espaciosa soledad, bóveda donde
el chasquido de un beso es seco trueno.
Haremos otra fiesta, porque en ti
un inmóvil lagar de percepciones,
una estofa que piensas en sí quieta y tendida
se expande y se distancia y danza,
pues danzando se vive, se madura;
prenderemos las luces y ventanas, que en ti
una estofa expectante se arrebata y carmines
echa a volar al aires desde tu cuna y ama
y conoce en su clímax dimensiones. Por ello,
rompamos a bailar sobre su años: te quiero
ver gozar otro clímax, el que en versos
tremoló con aquel cuando giraste, tenue
semilla a la que rapta un vendaval. Oh, verte
en tu doble placer, como a una niña
que amanece mujer y que reclama
elevarse compacta, material, materna,
y clama por su edad para volverse mundo.
5
El espíritu entonces, el gloriado,
el infatuado soplo de la carne en acecho,
era un perro rijoso ante la joven
bahía germinal en que te ahogabas
e insististe en ahogarte hasta ser plancton.
Te alcancé en el recodo de su sino,
cuando nadie en la Tierra nos veía;
morí una muerte más y nací para siempre,
para ser tuyo, el tuyo, el que tu piel y tu sazón pedían
sobre la pira en que doblé tu talle
y en que un beso en tu oído habló por mí:
Oh mujer, alfabeto que invento mientras leo,
corazón, tibio ritmo, sosiego suspendido
inútilmente cerca de mi insomne cabeza,
de mis guardias fervientes que en ti se multiplican.
Treparé por tus ramas a tu húmedo follaje
a constelar tu noche con veloces brillantes,
a conferirte el sello de mi obsesión más diáfana,
mordiendo lo que esconden tus arcos cigomáticos.
Has de desastillarte sobre el madero en vela
que aguarda impaciente desde tu roja aurora,
y lograr que esa aurora sea luz sobre un pueblo
florecido en los valles de tus sueños y entrañas.
Yo quiero ver tu voz encarnarse en el alba
de tu amor, que es elíxir de un día interminable;
ver tus alas crecer y envolverme en sus pliegues
como un ángel niño de pie bajo otro cielo.
Quiero que la belleza fructifique en tus miembros
como el texto que un sabio descifra e interpreta;
construir sobre ti y engendrar la mañana,
y en ti en tu exfoliada espera en tu retiro,
descubrir mi sentido, mientras mi celo esculpa
en tu cuerpo a mi amada y en tu forma mi forma.
6
Abre ya; agonicemos de nuevo en nuestro juego,
mi Emily, mi espiga con cerquillo,
sonrisa apuntalada con acero
largo esfuerzo de amor por no quedarse solo;
mi Emily, sensual labio sobre unos
dientes que aterran calcios de adocenados tímpanos.
Juguemos otra vez por dentro y fuera
del rompiente ajedrez que desangraba
los dulces, mas salvajes, ijares de tu lucha.
Tú será ella para tu mirada,
la metódica niña que colgaba
aros de poesía como muérdagos
de una inacabable navidad;
yo para ti seré él, el que colora
el hechizado haz de tu linterna mágica.
Entonces miraremos las cosas desde fuera
de sus tres dimensiones, y de aquéllas
haremos un sistema mayor en que movamos
los barcos y las velas, y uniremos
tu ver y tu mirar, y haremos uno
del descubrimiento del cuerpo en tus colinas
y de una violación en las antípodas
de otra exaltación de los sentidos,
de otro amanecer que solamente
para el siniestro puede ser sinrazón,
por la misma razón por la que inversamente
sólo para la bota en las narices
el olfato no cuenta. Nuestra fue esa pasión
de ave martirizada por un rayo, ese azaroso juego
que amamos juntos y que quiero siempre:
lo quiero, aunque tuvieras, como solías, leve,
que cruzar el jardín de lo mirífico,
como un búho de facto filosófico,
sin despertar al perro, porque para
parir la soledad bastan sus ojos
del color de la muerte, los que atisban,
a cubierto de rígidos colmillos,
de vuelta del país del odio lúcido.
7
Soy lo que hiciste antorcha y en tu seno alojaste; yo soy el
rostro recién lavado del mundo, despertado
por ti de su letargo y mitificaciones; soy, sin cábalas,
en el revés de un vínculo o en la renuncia de las transacciones,
el fustazo en la boca que reclamó su pan; o soy tan pronto
el feliz regodeo que te sentó en sus piernas
y te besó en tu nuca de muchacha, el tesón
de tu mano aferrada a lo que existe
hasta arrancar el vino de las rocas, el don
de abstraer la verdad crujiente en el hallazgo
de los labios unidos en un ósculo inédito.
Soy la vida y la muerte; en ti soy
señor de horca y cuchillo, soy
el guijarro pelado, el ábaco esquelético
con que llevar en serio las cuentas de la vida;
la suerte más vandálica y alada de matar
fantasías que habitan en la escama falaz de cada día,
y enseñan partituras fáciles de la muerte:
cada quisque se empluma para el mundo con una,
irrremediablemente negada a los poetas, cuando a solas, negada
a cuando avizoran sucintas geometrías o góticos flameantes;
te fue negada a ti, que miraste en la cara a la belleza
como a un astro saliendo de un lóbrego zaguán; te fue negada a ti,
que vista la vierda presa en los fogonazos
de tu explosivo lienzo, la verdad de tu prístina
visión que abrió pupilas en tus versos.
8
Pero encendiste el sueño, con todo; no querrías
vivir sin él, sin lo que un golfo
excava entre la más exangüe biografía
y un mero amblar de cascos sobre fango o carbúnculos.
Sabes que el sueño es vida cuando sangre
colorea tus velas, tus océanos
de oscuridad, de horror, de hiel, de hipócritas
y errantes tiburones y galápagos;
sabes que el sueño es vida cuando fuego,
te invita a visitarte, a recorrerte
y a enloquecer de luz tus aposentos;
tú lo sabes mejor, porque ese fuego
se atragante en tus venas, pugna y días
erige sobre noches de basalto.
Soy el sueño vidente, el lujurioso
deslumbramiento extático de alternar con el cosmos;
yo soy el erudito reverbero que envuelve
la contienda feroz de los amantes, soy
la mejor teoría acerca de por qué
cantan las madreselvas, de por qué las palomas
sueñan con los rosados pezones de las vírgenes;
la mejor teoría sobre por qué la muerte
funda la plusvalía de la vida,
y por qué el mar requiriendo el santo y seña
del que se hunde a nadar en sus orígenes,
y por qué flores y aves caían en las redes
con que solo querías capturar el crepúsculo,
y por qué el pasto es noble entre tus manos, y aun por qué
musicales chambergos atan el firmamento a los carrizos.
9
Soy el perenne vástago de la naturaleza
que te quiebra y te rompe como a un espejo loco
de tanto reflejar cielo y libélulas
y remansos mejores que el olvido.
Yo soy el peregrino de mil rostros,
soy un heraldo crónico, el revuelo
de alas que mudan de trigal y trigo;
soy el advenimiento de la música
para la que halla voz cada garganta.
Soy el cantar, el canto que en tu apretado tiempo
surcó tu corazón de estrella a estrella.
Yo soy la llamarada del infierno que entonces
guardaste en los vaivenes de tu pecho.
Pongámonos de acuerdo; engañaré a Lavinia;
te aguardaré, te aguardo, te aguardé: es lo mismo,
si la noche te quema y te ilumina.
Subo del otro lado de tus senos;
vengo henchido de pactos y recuerdos;
ardo por revivir en tu jadeo sólido
mi costumbre de siglos y de universos, y ardo
por forzar a través de tus estrechas
horas mi diligencia milenaria,
por nacer otra vez en tu sabrosa lengua
e, instalado en tu tibia recámara de anhelos,
como intenso rubí de su rojez colmado,
al trasluz de tus versos ser lectura.
Mira, he vuelto; yo soy el alhajado
retoño cortical de los sentidos,
que un día descubrieron que podíamos
ser los impíos ángeles que hoy somos.
.
viernes, 10 de abril de 2009
EN EL VIENTO (1957)
.
EN EL VIENTO
(1957)
Por Édgar Guzmán
En el viento descubro tu sonrisa.
Ha venido de un puerto donde al agua enmudece,
donde en silencio cierra esperanzas heridas
por una pena ahogada y un pétalo marchito.
En el viento camina lo que dices.
Es un secreto salmo callado que me entrega
la lenta magnitud de lo celeste.
En el viento rodeas mi sombra ávida,
y amo en él tu presencia, que endulza mis pupilas
como una tarde triste con un blanco navío.
.
EN EL VIENTO
(1957)
Por Édgar Guzmán
En el viento descubro tu sonrisa.
Ha venido de un puerto donde al agua enmudece,
donde en silencio cierra esperanzas heridas
por una pena ahogada y un pétalo marchito.
En el viento camina lo que dices.
Es un secreto salmo callado que me entrega
la lenta magnitud de lo celeste.
En el viento rodeas mi sombra ávida,
y amo en él tu presencia, que endulza mis pupilas
como una tarde triste con un blanco navío.
.
Etiquetas:
1957,
Édgar Guzmán,
En el viento,
literatura,
POESÍA
CUANDO UNA ALONDRA MUERE (1957)
CUANDO UNA ALONDRA MUERE
(1957)
Por Édgar Guzmán
Cuando una alondra muere
y se quiebra un designio entre sus pasos,
cuando todo enmudece o el alba se retrasa
y se extingue una hoja con un raro estertor,
tú tienes la palabra que enciende la mañana,
la obstinación que quiero, la voz fresca y contenta,
y estableces los pies mientras tus dulces manos
acarician las nuebes.
.
Etiquetas:
1957,
Cuando una alondra muere,
Édgar Guzmán,
literatura,
POESÍA
LAS MANOS (1956)
LAS MANOS
(1956)
Por Édgar Guzmán
Sin esperanza,
con su vacío a cuestas como un sueño,
rondan las manos.
Sin premios duraderos,
sin más que la conquista que arremolina un lapso,
rondan las manos.
Rondan las manos:
blandiendo la sonrisa, la clandestina lágrima,
cortando oscuras sayas e insidiosas mortajas
que acumulas quejidos, gritos desesperados
y desganas que trepan en los actos.
Una suerte pequeña las deslíe
en los turbios adioses y en los llantos.
Y sin embargo agitan ondulantes sonrisas,
banderas valerosas, fosforescentes faros,
y falenas que niegan el crepúsculo.
Heridas, se hunden
de bruces en la tierra,
cristalizando un coágulo y un húmedo suspiro.
Pero siempre hay un alba que lentamente irisa los sollozos
y todo lo que cae de las noches.
Todas son heroínas si perduran
sin renunciar a su arma de desamparada.
Todas son heroínas si persisten
en su rumor gratuito y en su reptar sombrío
con que invocan la altura de los días
y alimentan la noche que crece como un canto
de recogido, de secreto fuego.
Todas son heroínas.
Por eso se ve alzarse una columna de humo,
un haz de orgullos áridos, una humilde palabra
y una guerra satánica y panteones.
Todas son heroínas.
Por eso se ve siempre que el horizonte ondea,
que brillan dulcemente trigales y tejados,
que vencidos los ríos cuadriculan los campos,
que empieza a arrodillarse el mar en ciertas playas,
que la voz es hallada por todos los senderos,
que suceden prodigios y ciertas conmociones,
que parten negros trenes y sencillas palomas,
maldiciones, plegarias y ululantes gemidos.
Todas son heroínas, y por eso
hay las manos transidas de tardes y de puertos
de donde el mástil zarpa, y la húmeda sonrisa.
Hay las manos postradas junto a los puentes rotos,
caídos en la noche como un tallo y un sueño.
Hay las manos curvadas sobre tiernos ladrillos
de lentos sueños rojos y actitud de coral.
Hay las frágiles manos que suspiran y emprenden
una angustiada marcha de arañas indecisas.
Hay las manos opacas, insolubles, fornidas,
con voces de muñecas solitarias muriendo.
Hay las manos que alumbran con un deseo oscuro
de tocar un redoble bajo el agua dormida.
Hay las manos ardiendo de pue sobre el cansancio,
alentando los surcos y acallando el amor.
Hay las tórridas manos celebrando en un yunque
el rito de la espada, la herradura y la voz.
Hay las manos que tienen veinte años y una risa,
las inquietas de un niño moreno por la dicha,
y hay las pálidas manos que llevan a los labios
una carta rosada y un temblor.
Y en su presencia múltiple, vibrando como un árbol:
Las manos y la triste vendimia de las horas.
Las manos y la tierra que estrían los intentos.
Las manos y el deseo que tienen de ser naves.
Las manos y la sombre que proyectan las flores.
Las manos y el delirio de luces que las llaman.
Las manos y las piedras que acarician los niños.
Las manos y los cuerpos ardientes como espigas.
Las manos y la espera que destrozan los dedos.
Las manos y la angustia tendida como un arco.
Las manos y el silencio postrero carcomido.
Las manos y los viajes que no se hicieron nunca.
Las manos y la última moneda que nos queda.
Las manos y los llantos ocultos con un lirio.
Las manos y las manos, su unión y su calor.
.
Etiquetas:
1956,
Edgar Guzmán,
Las manos,
literatura,
POESÍA
lunes, 5 de enero de 2009
LOS DÍAS SUBLUNARES (1957)
..
LOS DÍAS SUBLUNARES
(1957)
Por Édgar Guzmán
Lunes
Sostenido en la cumbre, en la explanada,
arrollado entre tórridos crecimientos marinos,
el rostro develado del hombre se desliza
buscando al inoído ser de manos primeras.
Mas solo se oyen cosas y hechos, se oyen
la abrupta ley, el paso tras el paso
la música aterida de los astros
el latido callado de las flores.
Martes
Ved cómo merodea la faz lóbrega
del dolor embozado en la mañana.
Han caído de pronto,
inesperadamente heridos en la espera,
y ocultan la cabeza
y el grito embotellado
ante un paisaje de árboles sangrientos.
Cómo crispan el cuerpo
mientras la sal amiga, el mar austero,
les enjuagan los ojos destrozados.
Miércoles
Mas ved que el hombre es amo
de todas las palabras que sorprenden los días,
de esta sonora vida fraterna como un árbol
y de todas las cosas que moran junto a él.
He aquí que alimenta ansiosos tallos
como gritos certeros alzados contra el rostro
invencible del cielo.
He aquí que se inclina sobre un sueño
y sumerge su llanto que nutre dulces rosas.
Jueves
He aquí la alegría: arrebuja
al día bajo pronta ala de arcilla
y galopa en la tibia cabellera del aire,
entre magnolias blancas y ágil polen.
He aquí la alegría: desvanece
la nocturnal herencia del rocío
y cabalga en el viento, entre rubias estatuas
y bocas que florecen a su toque.
Viernes
Qué anhelo, qué murmullo
de pétalos volando en las ciudades,
de ángeles de amplias alas
sumidos en la gleba
viajando entre etéreas vibraciones.
Sois vosotros forjando
solícitas cadenas y miradas
para apresar la luz sobre los pinos.
Aquí cada uno es uno
junto a otros corazones,
y abre la vida amiga sus ventanas.
Sábado
Hay una lenta lágrima
que anuncia siempre muerte en los sucesos,
una risa inconclusa, un canto roto
y un copo de algodón que gime y cae.
Hay una muerte eterna aquí en los brazos,
en la más larga espera y en la carne más cálida,
acechando escondida tras un aliento oscuro
que mata al corazón o lo extravía.
Sin embargo, alguien lucha como una íntima brasa,
alguien que sale al frente, que suave, firme, ardido,
sencillo como el aire sigue andando sus pasos.
Domingo
Sea rampante lava en la paz ósea, sea
ceguera capital de pulpa y piedra, apego
de rocío a la hoja, de rifle a la clavícula;
sea desgobernada brújula del afán
prisa radical de manantiales,
en la cuenta es amor
el ignoto motor de las hazañas,
el rápido turbión que agita el bosque
y la brisa impoluta que en silencio nos ata
al seco corazón de los metales, al destello
de la verdad que enjoya las pupilas, al goce
en el flanco feliz de un teorema.
El es el soplo denso de la Tierra
que disemina el polen maravillado y canta,
el aire enardecido sobre tiernos cabellos anhelantes,
el agua de que beben la raíz valerosa y la montaña
y el fuego, aliento trágico, pedernal insepulto que conduce
los pasos en la sobra sin cesar.
Sostenido en la cumbre, en la explanada,
arrollado entre tórridos crecimientos marinos,
el rostro develado del hombre se desliza
buscando al inoído ser de manos primeras.
Mas solo se oyen cosas y hechos, se oyen
la abrupta ley, el paso tras el paso
la música aterida de los astros
el latido callado de las flores.
Martes
Ved cómo merodea la faz lóbrega
del dolor embozado en la mañana.
Han caído de pronto,
inesperadamente heridos en la espera,
y ocultan la cabeza
y el grito embotellado
ante un paisaje de árboles sangrientos.
Cómo crispan el cuerpo
mientras la sal amiga, el mar austero,
les enjuagan los ojos destrozados.
Miércoles
Mas ved que el hombre es amo
de todas las palabras que sorprenden los días,
de esta sonora vida fraterna como un árbol
y de todas las cosas que moran junto a él.
He aquí que alimenta ansiosos tallos
como gritos certeros alzados contra el rostro
invencible del cielo.
He aquí que se inclina sobre un sueño
y sumerge su llanto que nutre dulces rosas.
Jueves
He aquí la alegría: arrebuja
al día bajo pronta ala de arcilla
y galopa en la tibia cabellera del aire,
entre magnolias blancas y ágil polen.
He aquí la alegría: desvanece
la nocturnal herencia del rocío
y cabalga en el viento, entre rubias estatuas
y bocas que florecen a su toque.
Viernes
Qué anhelo, qué murmullo
de pétalos volando en las ciudades,
de ángeles de amplias alas
sumidos en la gleba
viajando entre etéreas vibraciones.
Sois vosotros forjando
solícitas cadenas y miradas
para apresar la luz sobre los pinos.
Aquí cada uno es uno
junto a otros corazones,
y abre la vida amiga sus ventanas.
Sábado
Hay una lenta lágrima
que anuncia siempre muerte en los sucesos,
una risa inconclusa, un canto roto
y un copo de algodón que gime y cae.
Hay una muerte eterna aquí en los brazos,
en la más larga espera y en la carne más cálida,
acechando escondida tras un aliento oscuro
que mata al corazón o lo extravía.
Sin embargo, alguien lucha como una íntima brasa,
alguien que sale al frente, que suave, firme, ardido,
sencillo como el aire sigue andando sus pasos.
Domingo
Sea rampante lava en la paz ósea, sea
ceguera capital de pulpa y piedra, apego
de rocío a la hoja, de rifle a la clavícula;
sea desgobernada brújula del afán
prisa radical de manantiales,
en la cuenta es amor
el ignoto motor de las hazañas,
el rápido turbión que agita el bosque
y la brisa impoluta que en silencio nos ata
al seco corazón de los metales, al destello
de la verdad que enjoya las pupilas, al goce
en el flanco feliz de un teorema.
El es el soplo denso de la Tierra
que disemina el polen maravillado y canta,
el aire enardecido sobre tiernos cabellos anhelantes,
el agua de que beben la raíz valerosa y la montaña
y el fuego, aliento trágico, pedernal insepulto que conduce
los pasos en la sobra sin cesar.
.
.
Etiquetas:
Édgar Guzmán,
Los días sublunares,
POESÍA
miércoles, 1 de octubre de 2008
Entrevista a Édgar Guzmán Jorquera
Por Hugo Yuen
Creemos ver tres etapas en su producción poética, en la 2da. de las cuales se encuentra su libro Perfil de la Materia. ¿Concuerda con esta apreciación?
Sí, pero con una restricción: la de que entre la segunda y tercera etapas se da una transición estilística relativamente suave. Desde el punto de vista de los contenidos, entre estas dos etapas hay un tránsito hacia otros temas, de preferencia los ya esbozados en mis notas y otros que espero formen parte de mi programa poético.
.
En Perfil..., su trabajo más extenso y complejo, se hace gala de una seire de referencias cultistas (Lucrecio y Virgilio, v.g., están implícitos en los títulos de la segunda y tercera partes del libro). ¿Qué papel cumplen tales alusiones en un trabajo poético dado?
Esas alusiones, que no son muchas, según confío, consti¬tuyen una manifestación del fenómeno de la intertextualidad, cuyo estudio fue introducido por Bajtin y cuyo desarrollo se produjo entre los estructuralistas franceses y demás. Esta intertextualidad no debe confundirse con la influencia de otros poetas recibida por un autor, o la fuente que este utilice. Mediante la transcodificación, que es un recurso de los llamados "lenguaje estético" y "lenguaje publicitario", se crean sentidos al servicio de efectos poéticos. Tales sentidos se producen por un cambio de código, ya sea dentro de una obra en relación con otro código de la misma, ya sea dentro de una obra en relación con otro código de la misma, ya sea entre códigos de obras diferentes; particularmente, de diferentes autores. En "Un canto para Bolívar", Neruda dice "Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire/...", cambiando un código religioso dentro de uno poético. Fenómeno similar se da en el uso de epígrafes en los poemas o en los préstamos literarios (por ejemplo, versos de otros poetas que alguien incorpora en un poema suyo).
.
La pregunta anterior nos lleva a preguntarle respecto al contenido de su obra. ¿Considera usted que su formación filosófica otorga a su poesía un valor agregado?
Aunque parto de la idea de obra de arte, en la que la materia y la forma son indesligables e igualmente significantes (pues ambas son lingüísticas) y en la que el tema se convierte en contenido, en el sentido de tema desarrollado en un medio (en este caso, el poético), no pienso que el tema sea un elemento poético en sí mismo. En este respecto, los eventuales temas o elementos filosóficos en mi trabajo no añaden nada al valor estético que aquel pueda tener.
.
Algo distintivo en su poesía es el alto grado connotativo de sus versos, los que, sin embargo, mantienen una rigurosidad denotativa incuestionable. ¿Puede comentarnos ese singular rasgo de su poetizar?
Hace unos decenios se insistía que el significado de la poesía estrictamente tomada se agotaba en el plano denotativo (para utilizar la terminología de la pregunta; yo prefiero tratar este asunto entre los problemas epistemológicos de la poesía). Pero el plano denotativo también cuenta, por más que lo connotativo predomine, generando la famosa "opacidad" del texto poético respecto de la realidad. Esta idea sobre la función de la denotación está ya contenida en la posición madura de los formalistas rusos, que en un comienzo se concentraron en la connotación mencionada en la pregunta, por citar un ejemplo. En tiempos relativamente recientes se han ocupado de ella Goodman y Ricoeur. Un buen tratamiento de este punto se encuentra en McCormick.
El plano denotativo cuenta en razón de la dimensión semántica del texto poético. No obstante que en este, si ha de ser estético, el lenguaje llama la atención hacia sí mismo por medio de ficciones específicamente poéticas que erigen un nuevo mundo de sentido, este lenguaje no deja de significar algo extratextual, en la medida en que el lector puede interpretarlo desde el punto de vista de su competencia y de sus experiencias vitales.
.
¿Quiere decir esto que, no obstante su predominante carácter connotativo, toda poesía susceptible de ser interpretada, como ocurre en la mayoría de los casos, implica necesariamente una función denotativa?
Así es, si tomamos la pregunta en su sentido riguroso. En tal interpretación, el lector coteja por lo menos lo que pone el texto poético con las creencias que él tiene acerca de la realidad. Esto evidencia la presencia de una faceta epistemológica sui generis en la poesía, lo cual entraña una función denotativa en el texto poético.
.
Finalmente, ¿encuentra usted una unidad evolutiva en su quehacer poético, estilísticamente hablando?
Estilísticamente, se me dice, he pasado de una concisión con frecuencia mutiladora de las vestiduras del lenguaje y de lo accesoriamente poético en busca de una poesía exacta aunque descarnada a otra concisión que, persiguiendo la exactitud poética e incorporando las vestiduras y la sustancia que la ignorancia o la pereza me hacían descartar, se ha convertido en una densidad proclive a incrementar la cantidad de novedad y a reducir la redundancia.
.
Y temáticamente hablando...
En el tratamiento de temas y contenidos percibo que mi trabajo se ha orientado siempre a las visiones universales. Entre mis temas predominaba al principio la preocupación antropológica. Luego, la ontológica y metafísica, a la luz de la filosofía y las diversas ciencias y de la observación y reflexión personales.Actualmente me interesan los desarrollos de aspectos de temas antes tocados y de temas nuevos previstos o inpensados.
Etiquetas:
Édgar Guzmán,
entrevista,
Hugo Yuen,
literatura,
POESÍA
sábado, 28 de junio de 2008
Édgar Guzmán: Existencia y Realidad en la Filosofía Latinoamericana
Edgar Guzmán: Existencia y Realidad en la Filosofía Latinoamericana(*)
Por Hugo Yuen
Existencia y Realidad es el título que da nombre a los dos volúmenes que reúnen la obra filosófica completa de Edgar Guzmán (1935-2000), el filósofo peruano más original y riguroso del siglo XX, quien desarrolló el íntegro de su producción filosófica en Arequipa, dando una muestra admirable no solo de talento e inteligencia, sino también de tesón y pétrea voluntad contra la indiferencia y la apatía propias de la provincia.
El título referido es tanto un homenaje como un acto de justicia. Es un homenaje al filósofo y a su obra; aunque, sometiéndonos al pensamiento que sobre el particular tuvo Edgar Guzmán –quien esperaba que sus trabajos filosóficos y literarios(***) fuesen apreciados por lo que valían en sí y no por los méritos o virtudes personales que su autor pudiera encarnar– estamos seguros que la valoración cabal de esta obra conducirá, necesariamente, al reconocimiento y homenaje a su autor. En este reconocimiento a Edgar Guzmán, el filósofo, a través de su pensamiento legado en estas páginas que reseñamos, radica el acto de justicia que le tributa Arequipa con la publicación póstuma de su obra filosófica completa.
Los volúmenes que aparecen bajo el título de Existencia y Realidad toman el nombre del estudio doctoral que sustentara Edgar Guzmán en 1971, teniendo en cuenta dos consideraciones: Primero, el carácter comprehensivo del título mismo y, segundo, el que, de alguna manera, este refleja la temática que desarrolló Guzmán a lo largo de su vida, abordando explicita o implícitamente esos conceptos desde diferentes perspectivas (ya sea desde un análisis crítico y creativo de las diversas formulaciones a lo largo de la historia del famoso Argumento ontológico de San Anselmo, o de precisos razonamientos en torno a problemas lógicos como la Predicación Existencial, o deslumbrantes teorías ontológicas que llevaban enfundadas en sí las bases de la teoría literaria de Edgar Guzmán, como el artículo que trata de la Ficcionalidad y Existencia, por citar sólo algunos de sus trabajos), iluminando, de esta manera, el objeto de su análisis a través de múltiples y diversas aproximaciones sucesivas, como una suerte de invertido y prolijo calidoscopio filosófico.
El estudio que prologa la obra fue solicitado a David Sobrevilla Alcázar (n. 1936), profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad de Lima, en virtud a su dominio –reconocido internacionalmente- de la filosofía latinoamericana, cuyo conocimiento se pone en evidencia en el trabajo La filosofía de Edgar Guzmán Jorquera: Un pensamiento analítico, neorrealista y humanista, ensayo que antecede los escritos filosóficos de Edgar Guzmán.
Existencia y Realidad consta de dos tomos, cuyo ordenamiento difiere parcialmente del sugerido en la introducción. Así, el primero reúne los trabajos de Lógica, Análisis y Humanismo, en tanto que el segundo incluye temas de Ontología, Epistemología, Ética y Estética. Este ordenamiento se debe, en principio, a razones de clasificación temática y, en segundo orden, a consideraciones formales de la presente publicación.
Si bien son muchas las personas que, de una u otra forma, han hecho realidad esta edición, mención especial merecen David Sobrevilla, por su valiosa contribución con el prólogo, y Rolando Cornejo Cuervo, rector de la Universidad Nacional de San Agustín, quien apoyó de inmediato este proyecto editorial haciéndolo posible y, con ello, concretando este reconocimiento a uno de los filósofos latinoamericanos más importantes del siglo XX que, en boca de Sobrevilla, recuerda a la figura de Juan Espinoza Medrano, ilustre filósofo peruano del siglo XVII, pues ambos, tanto Espinoza Medrano como Guzmán Jorquera, son filósofos que se formaron fundamentalmente solos, sin maestros ni tradiciones filosóficas locales que los nutrieran y, por decirlo de alguna forma, siendo padres de sí mismos, autoinventándose filosófica e intelectualmente, y produciendo una obra muy notable, al punto de afirmar Sobrevilla que con obras sólidas y sin concesiones como la de Guzmán, qué duda cabe que el Perú recuperará una posición privilegiada en el ámbito filosófico continental.
Por Hugo Yuen
Existencia y Realidad es el título que da nombre a los dos volúmenes que reúnen la obra filosófica completa de Edgar Guzmán (1935-2000), el filósofo peruano más original y riguroso del siglo XX, quien desarrolló el íntegro de su producción filosófica en Arequipa, dando una muestra admirable no solo de talento e inteligencia, sino también de tesón y pétrea voluntad contra la indiferencia y la apatía propias de la provincia.
El título referido es tanto un homenaje como un acto de justicia. Es un homenaje al filósofo y a su obra; aunque, sometiéndonos al pensamiento que sobre el particular tuvo Edgar Guzmán –quien esperaba que sus trabajos filosóficos y literarios(***) fuesen apreciados por lo que valían en sí y no por los méritos o virtudes personales que su autor pudiera encarnar– estamos seguros que la valoración cabal de esta obra conducirá, necesariamente, al reconocimiento y homenaje a su autor. En este reconocimiento a Edgar Guzmán, el filósofo, a través de su pensamiento legado en estas páginas que reseñamos, radica el acto de justicia que le tributa Arequipa con la publicación póstuma de su obra filosófica completa.
Los volúmenes que aparecen bajo el título de Existencia y Realidad toman el nombre del estudio doctoral que sustentara Edgar Guzmán en 1971, teniendo en cuenta dos consideraciones: Primero, el carácter comprehensivo del título mismo y, segundo, el que, de alguna manera, este refleja la temática que desarrolló Guzmán a lo largo de su vida, abordando explicita o implícitamente esos conceptos desde diferentes perspectivas (ya sea desde un análisis crítico y creativo de las diversas formulaciones a lo largo de la historia del famoso Argumento ontológico de San Anselmo, o de precisos razonamientos en torno a problemas lógicos como la Predicación Existencial, o deslumbrantes teorías ontológicas que llevaban enfundadas en sí las bases de la teoría literaria de Edgar Guzmán, como el artículo que trata de la Ficcionalidad y Existencia, por citar sólo algunos de sus trabajos), iluminando, de esta manera, el objeto de su análisis a través de múltiples y diversas aproximaciones sucesivas, como una suerte de invertido y prolijo calidoscopio filosófico.
El estudio que prologa la obra fue solicitado a David Sobrevilla Alcázar (n. 1936), profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad de Lima, en virtud a su dominio –reconocido internacionalmente- de la filosofía latinoamericana, cuyo conocimiento se pone en evidencia en el trabajo La filosofía de Edgar Guzmán Jorquera: Un pensamiento analítico, neorrealista y humanista, ensayo que antecede los escritos filosóficos de Edgar Guzmán.
Existencia y Realidad consta de dos tomos, cuyo ordenamiento difiere parcialmente del sugerido en la introducción. Así, el primero reúne los trabajos de Lógica, Análisis y Humanismo, en tanto que el segundo incluye temas de Ontología, Epistemología, Ética y Estética. Este ordenamiento se debe, en principio, a razones de clasificación temática y, en segundo orden, a consideraciones formales de la presente publicación.
Si bien son muchas las personas que, de una u otra forma, han hecho realidad esta edición, mención especial merecen David Sobrevilla, por su valiosa contribución con el prólogo, y Rolando Cornejo Cuervo, rector de la Universidad Nacional de San Agustín, quien apoyó de inmediato este proyecto editorial haciéndolo posible y, con ello, concretando este reconocimiento a uno de los filósofos latinoamericanos más importantes del siglo XX que, en boca de Sobrevilla, recuerda a la figura de Juan Espinoza Medrano, ilustre filósofo peruano del siglo XVII, pues ambos, tanto Espinoza Medrano como Guzmán Jorquera, son filósofos que se formaron fundamentalmente solos, sin maestros ni tradiciones filosóficas locales que los nutrieran y, por decirlo de alguna forma, siendo padres de sí mismos, autoinventándose filosófica e intelectualmente, y produciendo una obra muy notable, al punto de afirmar Sobrevilla que con obras sólidas y sin concesiones como la de Guzmán, qué duda cabe que el Perú recuperará una posición privilegiada en el ámbito filosófico continental.
.
(*) Edgar Guzmán, Existencia y Realidad, Arequipa, Universidad Nacional de San Agustín, 2002
(***)Además de sus escritos filosóficos, Edgar Guzmán dejó una importante obra literaria que todavía no ha sido totalmente apreciada en su real valor. Entre su obra poética publicada figuran Perfil de la Materia (1987), Rondando la Casa de la Dickinson (1990) y Trilogía del Mar (1993). Ricardo Gonzales Vigil lo incluye en su antología de la Poesía Peruana del Siglo XX (1999). Su novela El Libro de Law permanece inédita.
(*) Edgar Guzmán, Existencia y Realidad, Arequipa, Universidad Nacional de San Agustín, 2002
(***)Además de sus escritos filosóficos, Edgar Guzmán dejó una importante obra literaria que todavía no ha sido totalmente apreciada en su real valor. Entre su obra poética publicada figuran Perfil de la Materia (1987), Rondando la Casa de la Dickinson (1990) y Trilogía del Mar (1993). Ricardo Gonzales Vigil lo incluye en su antología de la Poesía Peruana del Siglo XX (1999). Su novela El Libro de Law permanece inédita.
Etiquetas:
Édgar Guzmán,
filosofía,
Hugo Yuen,
Reseña
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
+6.bmp)